
He terminado in extremis (porque se acababa el plazo de lectura en eBiblio) este novelón. Lo cogí en audiolibro, que es un formato que me encanta porque me parece muy evocador, ya que lo que oyes no es una voz aséptica que te va leyendo, sino una actriz/actor que modula la voz según el narrador o incluso el personaje que hable (no es Loquendo ni una IA…).
Lo técnico.
Publicada en 2018.
El audiolibro dura unas 20 horas.
Tiene dos tipos de narradores, alternando la primera y la tercera persona. Ahora te explico…
Abarca la historia de Birchwood Manor, una gran casa de campo a orillas del Támesis en Berkshire.
La historia abarca unos 150 años de historia, pero con una herencia en la casa procedente de su construcción en el siglo XVI, un pequeño detalle que resultará trágicamente determinante.
El presente.
En el verano del 2017, Elodie, archivista en Londres, descubre un lote de objetos entre los que destaca una cartera de cuero, una fotografía y un cuaderno de bocetos que relaciona con Edward Radcliffe, un joven pintor miembro de la Hermandad Magenta, un grupo de la segunda mitad del siglo XIX. No obstante, lo misterioso es que en la fotografía quien aparece es una misteriosa mujer de la que no se tiene constancia en ninguna parte; y en el cuaderno se incluye un texto sin terminar sobre un amor ardiente y desesperado, además de unos dibujos de una gran casa que le recuerdan a un cuento de hadas que le contaban cuando era pequeña.
La investigación de Elodie se entrelaza con los preparativos de su boda, que no le entusiasma, y con la reconstrucción de los últimos días de su madre, la prestigiosa violonchelista Lauren Adler, que murió en un accidente de tráfico junto a un violinista estadounidense al que estaba muy unida.

Que no te despiste el salseo; aquí la protagonista indiscutible es Birdie Bell, la hija del relojero.
Empecemos por el principio, mejor…
A mediados del siglo XIX, cuando Birdie y su padre están a punto de irse a Estados Unidos, ella sufre un accidente que retrasa su viaje, mientras que él sí se va. Despierta en casa de la señora Mac, que la convierte en una ladrona callejera mientras espera que su padre le envíe dinero para irse.
Creo que no sería un spoiler si digo que eso ya sonaba como cuando un familiar te daba dinero y tu madre, que se daba cuenta, te decía «yo te lo guardo»…
Años después, Birdie se encuentra con Edward Radcliffe, que queda deslumbrado por ella, hasta el punto de pedirle que haga de modelo para el cuadro que está pintando. La relación empieza con un engaño, porque ella no aparece como una carterista, y cuando él se presenta en su casa, la señora Mac ya tiene montado todo un teatrillo para convencer a él y a su madre que lo que hay allí es una familia de clase media y bien avenida.
Lilly Millington, el sobrenombre de Birdie, se convierte entonces en la modelo de Edward Radcliffe. Y se terminan enamorando.

Pero él no cuenta que está prometido. Sería una red flag con patas si no fuera porque resulta que él no quiere casarse con Frances (Fanny). Como le dice su amigo Joe a Birdie cuando le viene con el chisme: si estuviera enamorado, no habría parado de hablar de ella y, sin embargo, no se había enterado ni de su existencia hasta el estreno del cuadro, meses después de haberse conocido, meses de verse constantemente, después de pasar muchísimas horas juntos.
Como argumento, le veo flojo; pero aceptamos barco como animal acuático porque, al ir entrelazando los tiempos de la historia, tú a esas alturas ya sabes cómo va a terminar este culebrón y bueno… Aceptamos barco.
Y con estas, llegamos al verano de 1862 y Edward, Lilly (Birdie), las hermanas de Edward (Claire y Lucy), James Straton (un mierda seca que vive pegado a un rifle) y un joven fotógrafo van a pasar el verano a Birchwood Manor. También se presenta Fanny, que ha sido «invitada» por James, que quiere quitarse de en medio a Edward porque también le gusta Lilly.

En medio de esta trama que dan ganas de sacar palomitas o el cafelito, está Lucy (la hermana de 12 años de Edward). En su ser de conocimiento, encuentra unos planos antiguos de la casa y una carta del siglo XVI. Y en esos planos aparecen unos cuartos ocultos en las paredes, que fueron utilizados durante el reinado de Isabel I para esconder sacerdotes católicos.
Cuando van a hacer una fotografía recreando el reino de las hadas, Lucy se enfada y entra en la casa, y se guarda un diamante azul que es propiedad de la familia, el renombrado «azul de los Radcliffe». Y se encuentra con una discusión entre Lilly y Martin (que ella no le conoce, pero tú, lectora, sí y no quieres que esté ahí, no quieres que esté, así en general, quieres que se coja del brazo con Straton y se vayan a la mierda juntos para siempre). Martin dice que se va a llevar el diamante con Lilly a Estados Unidos, con los billetes que ha comprado Edward para sí mismo y Lilly; y que si no es por las buenas, va a ser por las malas.
Bueno, la cuestión termina en que Lucy esconde a Lilly en uno de esos cuartuchos para sacerdotes del siglo XVI, con el asesinato de Fanny (por estar donde no debe, donde no pintaba nada, sí, lo digo) y Lucy recibiendo un golpe en la cabeza que la tiene 4 días en el hospital, inconsciente. Oficialmente, Lilly y el diamante han desaparecido y Fanny ha sido asesinada; con lo que la historia oficial, que vende la prensa (y el padre de Fanny, que es el que paga), es que Lilly Millington (modelo de Edward) ha robado el diamante y se ha dado a la fuga después de asesinar a Fanny cuando esta le descubre de marrón.
Años después, cuando Edward muere en Portugal, Lucy hereda la propiedad y vuelve a la casa con la intención de convertirla en una escuela para niñas. Es entonces cuando descubre el cadáver de Birdie, en el mismo cuarto en que la encerró.
Esto pasa al final, pero tú llevas toda la novela sabiendo que Birdie nunca llegó a salir de la casa. Llegas a albergar la esperanza de que se librase, de que pudiera irse a Estados Unidos, a donde fuera, pero no, porque el narrador en primera persona es precisamente el fantasma de Birdie.

Entre tiempos.
¿Qué ha llevado a Elodie a esa casa en el 2017? Que su madre pasó por allí, pero es que su madre pasó por allí porque su madre y su abuela se refugiaron allí durante la II Guerra Mundial. Que qué pequeño es el mundo.
Es más, Tip, el tío de Elodie, conoció a dos personajes importantes en la trama mientras estuvo allí de niño. Uno es Ada Lovegrove, una arqueóloga que estudió en el colegio de niña (que creíamos que se había ahogado en el río, por culpa de unas asquerosas que la acosan); que le dice que cuando era como él también le gustaba recolectar piedras.
Ada, cuando llega al colegio (aunque más bien habría que decir que es abandonada por sus padres ahí, porque ni la avisan), encuentra una aliada inesperada en Lucy, con quien tiene mucho en común.
Y otra es su amiga imaginaria: Berdie. Tú sabes ya de antes que la conoce, porque cuando Elodie le enseña la foto que ha encontrado en la caja del principio, dice de forma cortante que no la ha visto en la vida.
Que te quedas

Esta parte de «entre-historias» no es gratuita (nunca lo es con Kate Morton), ya que al final se revelará también que Tip tiene (o tuvo) el dichoso azul de los Radcliffe. Lo tuvo en una caja de secretos, y en ella lo enterró en el jardín de la casa, bajo el arce japonés, donde también están los restos de Birdie.
Volvemos al presente.
De vuelta a 2017, Elodie llega a la casa y conoce a Jack (de quien nos ha estado hablando Birdie), un australiano contratado por «una americana millonaria» para buscar el diamante en base a las pruebas que heredó de su abuela Ada.
No le queda por dónde buscar, pero uniendo las búsquedas de ambos, se desata el desenlace y se encuentran los restos de Birdie y el diamante enterrados bajo el arce japonés, que es símbolo de la casa.
Aunque no llega a contarlo, el espíritu de Birdie ha estado haciendo de ángel entre los dos, impulsando respuestas y reacciones de ambos, lo que apunta a que podrían enamorarse. De hecho, ella llega a confesar que en realidad no está enamorada del hombre con el que está a punto de casarse.
Cómo escribe Kate.
Aquí Kate Morton se quedó a gusto. Es una historia tan amplia, con tantas «mini historias» que componen «La Historia» que me ha costado meterle mano a la reseña.
Verás tú cuando quiera ponerme con la reseña en video y con la edición. Ay la edición

Es algo que a Kate Morton se le da como si hubiera nacido para ello. Todas sus novelas tienen algunos elementos comunes: la tragedia en la que termina la historia principal (el amor de Birdie y Edward en este caso), tragedia inevitable que conocemos desde el principio, aunque lleguemos a olvidarla y a albergar esperanzas de que no ocurra (y justo ahí es cuando llega, hundiéndote la vida de paso). Y, como decía, no falta la narración en distintos tiempos, llenando cada uno con «mini-historias» que componen «La Historia» y a su vez desenredan el misterio principal, que atraviesa absolutamente todo, tiñendo la novela de un aire de misterio que, aunque sea un poco de rebote, me parece que le daba un aire gótico. Al hablar del verano de los personajes en Birchwood, me venía a la cabeza el verano «no verano» de 1816, cuando Mary Shelley escribió «Frankenstein».
Al mismo tiempo, la Hermandad Magenta, a la que pertenecen los dos artistas de ese verano, está claramente inspirada en la Hermandad Prerrafaelita, un grupo de artistas ingleses que se opuso a la academización del arte. Las obras de Millais, Rossetti y Hunt se caracterizan por el uso de colores intensos y vibrantes, con escenas medievales, bíblicas y literarias, con una importante carga simbólica.
(Agradecimiento a Google, que, aunque reconocí la referencia en la novela con la imagen del segundo cuadro que te dejo además, no habría sabido resumirlo ni sacar los nombres de esta gente :) ).
Algunas obras de este grupo, de corta duración pero mayor influencia, son «Ofelia» y «El despertar de la conciencia».


Con el tema de la búsqueda del diamante azul, era inevitable que me recordara a «Titanic», aunque, como en la película, no deja de ser un cliffhanger, el caramelito para que quieras saber dónde demonios está el maldito pedrusco que tantos disgustos está dando. Que, en realidad, conforme avanza la historia, me llegó a importar poco qué hubiera pasado con el diamante, porque me interesaba más qué había pasado con Birdie o cuándo iba a confirmar Elodie que dejaría al novio (porque en dos frases demuestra que es imbécil), o cuándo y cómo se va a confirmar que Lauren y el violinista americano habían tenido tema, o la historia de Ada, a quien damos por muerta y, cuando se vuelve a presentar, pegué un grito que oyeron los vecinos XD
¿Y ahora qué?
Pues ahora tengo una infinidad de pendientes. O sea, tengo una de pendientes, de empezados, de futuras lecturas que voy a necesitar que los días tengan 30 horas y yo un 70% más de energía diaria. Pero de eso ya habrá otro post.

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